AGUA DE ROSAS

Aquella rosa tuya, sí, la que ibas a ver cada tarde…mira dónde tengo sus pétalos. Los he ido a buscar, ya maduros. De mis manos han tomado la calidez que les abre los estomas.
Sobre el agua: flotan, dejando que su aroma, encerrado en esas células rosadas, se disuelva, feliz, en el líquido: el regreso a la humedad primordial.
Y ahora, después de que el sol de la tarde los haya tocado con sus hadrones misteriosos, después de que la luna de anoche hiciera vibrar sus bosones de pálida luz, después de que el rocío de la mañana los haya acariciado con sus dedos de húmeda caverna nocturna, ahora están sobre tu piel, en tu cuello, en tus manos, en tus labios, en tu sexo.
Y ahora, en mi boca.

A.F. No te dejaré.

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Acerca de anntares

Tierra antigua pero vital, el Pirineo encierra tesoros vivos. Descubrámoslos.
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