EL VINCULO

A veces hay algo que une a los amantes. No se sabe exactamente qué es, cual es la naturaleza de esa unión. El que alguna vez lo ha sentido, sabe de lo que hablo.
Un lugar puede atraer tanto, con tanto poder, que toda una vida puede girar alrededor de la idea de verlo, de sentirlo. Un lugar, sin personas, sin rastro humano: piedra, cielo, agua, nieve.
Hay lugares en los que el cuerpo y la mente pueden diluirse, hacerse literalmente uno con la vibración del genio que lo habita. En esos momentos, podemos sentir que somos sensores, somos los sentidos de ese lugar. Nuestra existencia cobra entonces sentido. Siente por mí…soy la conciencia de la Tierra, aquí y ahora.
Pueden, tal vez, conseguirse comuniones semejantes con seres humanos; pero ninguna será jamás tan perfecta como la unión mística con un lugar. Es algo revitalizante: recostados sobre el tapiz verde que separa el límite entre roca y universo, nos diluímos en la cuántica vibración del ser. Sí, tengo sentido, tienes sentido.
Y una enorme, inconmensurable felicidad, brota de lo más hondo de nuestro pecho. Sí, el joi d´amor del trovador que ha encontrado su lugar en el universo, su razón de ser.

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Acerca de anntares

Tierra antigua pero vital, el Pirineo encierra tesoros vivos. Descubrámoslos.
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