CORONITA DE FRAMBUESAS

Los bosques de la Cataluña Norte son frescos. Dominan los abetos, alegres compañeros de las nieves, con sus ramas dispuestas a recogerla y extenderla luego, en el suelo, suavemente, cuando se acumula en las acículas, verdísimas. En verano, es el tiempo de las frambuesas. Los frambuesos no tienen espinas, como nuestras mediterráneas zarzas, y además no tienen esas semillas ásperas; son tan suaves…son labios de amante.

Recorremos el sendero; nunca he comido frambuesas silvestres. Ve, sigue adelante un poco, tal vez encuentres algunas, allí, al fondo…voy hacia donde me indicas. No, no hay frambuesitas. Un poco decepcionada, regreso a tu lado.

Y entonces, con tu sonrisa triunfante de niño travieso que ha hecho algo inesperado, me tiendes, ensartadas con tus propias manos, las frambuesas, en un hilo de plata. Collar de princesa, regalo de un lugar mágico, donde los arcanos construyeron sus dólmenes, sus menhires, que perduran aún, marcando los hitos de la fuerza terrestre para quien los sepa leer. Las frambuesas: las como, acariciándolas con mis labios. También son para tí: tómalas de ellos…

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Acerca de anntares

Tierra antigua pero vital, el Pirineo encierra tesoros vivos. Descubrámoslos.
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