CUANDO NADIE IMPORTABA

Cuando era pequeña, recuerdo que esperaba con tanta alegría el momento de las vacaciones…siempre pasábamos unos días en el Pirineo, cuando no el mes entero. La primera noche y el primer día eran mágicos.

Recuerdo que llegábamos al sitio normalmente de noche. Ya sólo el hecho de llegar, de bajar del coche, de tocar la tierra, respirar aquel aire, ya me llenaba de una dicha tan grande…estoy en casa.

El sueño, en aquellos años de la infancia, era profundo, libre de ensoñaciones, problemas u ocupaciones. El descanso profundo abría las puertas de un día pleno, energía de los miembros que se desperezan, que miran la luz que entra por el ventanal. Bendita luz de los Pirineos, radiante y roja en el amanecer tan temprano que la impaciencia quiere adelantar para sólo conseguir que el recuerdo, ya eterno, grabado en las retinas, permanezca por siempre más en el corazón. Y levantarse, de un salto, y abrir el porticón y salir a ver, a oler, a respirar hasta que los pulmones casi revientan, el aire que quise hacer mío por siempre más.

Y así fue. El aire me poseyó. Nada ni nadie importaban entonces. Yo y él, el Pirineo pétreo, irradiando la energía que me hizo suya para siempre.

Cuando nadie importaba.

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Acerca de anntares

Tierra antigua pero vital, el Pirineo encierra tesoros vivos. Descubrámoslos.
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