MI DIOS DE ORO

Qué te haría, niño, qué te haría…

Sería de noche, y tú reposarías sobre las sábanas, húmedo de un leve sudor en la calidísima noche de verano. La luna casi llena ilumina tu piel: pareces de bronce, tan dorado por el sol estás. Dormido, apenas una leve sonrisa en tus labios…

Purpurina dorada: abro el tubo, y las diminutas partículas parecen cobrar vida. Sobre una bandeja de plata las extiendo, con cuidado: el más mínimo movimiento las arremolina. Y con un leve soplo, con el más dulce de mis alientos, las hago volar sobre tu piel; te sobrevuelan, alegres, bellísimas, para posarse sobre tu espalda, tus hombros, tus piernas, tus brazos…tus muslos, tan hermosos, adquieren la consistencia de los miembros de un héroe.

No te molesto: me acuesto a tu lado, apenas un leve roce de mis dedos sobre tus labios. Te mueves, levemente: bello hombre que merecería ser un dios.

Cuando despiertes te verás como un dios de oro.

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Acerca de anntares

Tierra antigua pero vital, el Pirineo encierra tesoros vivos. Descubrámoslos.
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