ESTIO

No es necesario un compromiso eterno para hacer sexo. Se puede desear un intercambio de placeres, de sentires. Una tarde agradable, de verano, bajo un chopo, en la vera del río. Un amigo, sentado a nuestro lado. Está casi dormido en una deliciosa siesta, mecido por el rumor de las hojas del árbol. Alguna brizna de hierba verde se enreda en su hermoso pelo negro. El agua desciende por el vallecillo, sonando a rumores de flujos internos, de circulaciones ocultas de la sangre, de otros líquidos corpóreos, densos y primordiales. Crece el deseo: pasamos una mano por su rostro. Él, tal vez soñando, sonríe. Un beso leve sobre sus labios rosados por el estío.

-Te comería…

Cómelo. Sientes latir el pulso de la sangre en tu sexo. Un ligero dolor, el reclamo de la hembra por el macho, se extiende por el vientre, partiendo del pubis, sedoso de vello negro como la pizarra de la colina.

Simplemente porque existes, te amo, aquí y ahora.

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Acerca de anntares

Tierra antigua pero vital, el Pirineo encierra tesoros vivos. Descubrámoslos.
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