LA ABADIA DEL AMOR

Ingilberga, abadesa de Sant Joan de las Abadesas. A Ingilberga la riñeron los altos estamentos religiosos: porque estimulaba la fina amors entre monjas y caballeros. De hecho las monjitas llevaban anudada al cuello una bolsita de cuero conteniendo hierbas y hechizos para evitar la concepción…la concepción que podía provocarles la visita de sus aguerridos y gallardos amantes…de hecho, la acusación que pesó sobre Ingilberga y sus monjas las calificaba de “meretrices de Venus”…se le acusó de convertir el cenobio en una corte de amor.

Descansa Ingilberga para siempre. No sabemos a ciencia cierta lo que realmente pasó por su mente, lo que realmente hicieron entre aquellas paredes en un lugar tan sumamente hermoso aquellas mujeres dedicadas al Amor, bien de Dios, bien de todos. Pero si lo hicieron por amor, bien hecho estuvo.

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Acerca de anntares

Tierra antigua pero vital, el Pirineo encierra tesoros vivos. Descubrámoslos.
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