DEJARSE QUERER

Querer es fácil. Pero me doy cuenta de que es difícil dejarse querer.
Y tiene una explicación: porque si nos dejamos querer, tenemos que mostrarnos tal y como somos.
Y la herida final puede ser mayor.
Cuando llevas armadura…¿quién tiene el valor de quitársela? Es una carga, pero protege.
Un día, la armadura cae al suelo. Te sientes ligero, vivo…pero…¿qué será del guerrero sin ella? Expuesto, de nuevo…como una vez fue.
Pero esta vez es diferente. Porque más allá, está la extensión abierta, nada sagrado. Y siempre estará esa sonrisa que aparece, bailando, con las últimas luces del atardecer, allí, donde el camino acaba, en el fin del mundo.

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