MANOSTRISTRES

A Manostristes se le caían las cosas de las manos. Así le llamaban sus compañeros, los conocidos que se quedaban con lo superficial, con el hecho pero no con el motivo. Era Manostristes algo diferente a los demás.
A él no le molestaba en exceso que lo llamaran así. Porque él sabía que se le caían las cosas de las manos porque las cosas materiales no tenían importancia. Eso no era preocupante: materia, tan sólo.
A Manostristes lo que le importaba era que no se le cayera nunca nada de lo que sostenía con su corazón. Y eso era su esencia, su motivo. Y eso era lo que lo hacía diferente…y grande. Un gran y enorme osito de corazón.

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Acerca de anntares

Tierra antigua pero vital, el Pirineo encierra tesoros vivos. Descubrámoslos.
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