EL AMANTE ORQUIDEA

Una vez tuve un pequeño amante. Era tan delicado que exigía atención contínua: la dedicación que le ofrecía era recompensada con un primor inocente y juvenil que me revitalizaba. Ciertamente, el pequeño amante era encantador. Pero mis cuidados no eran suficientes: como una de esas raras orquídeas, un día, de repente, perdió su tersura, dejó caer su ánimo como las hojas vencidas por el tiempo y la humedad, y empezó a languidecer.   En esos casos, ningún jardinero tiene el remedio: ni la caricia más amorosa, más cargada de nítidas vibraciones, tiene la capacidad de reverdecer la planta. Sólo cabe devolverla a su medio. Generoso altruismo de la agridulce renuncia.

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Acerca de anntares

Tierra antigua pero vital, el Pirineo encierra tesoros vivos. Descubrámoslos.
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2 respuestas a EL AMANTE ORQUIDEA

  1. El jardín de la alegría dijo:

    No la abandones a su suerte, solo es una rara orquídea que necesita de esa dedicación, aunque parezca haber perdido toda su fuerza, aunque parezca estar languideciendo y por ello tus cuidados no parezcan ser suficientes, ella lo necesita, como a todas las plantas que gustan de tu presencia y se alegran de tus cuidados… sí, a ella también, por dentro la savia corre fresca y alegre, con la intención de reverdecer, solo que se protege de esa manera. Deja que te vuelva a recompensar de esa manera, prémiate con la recompensa de algo tan hermoso como vivir y sentirte viva. Dejarla, sin embargo, se volverá mustia y se secará…

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