DERECHO A EQUIVOCARSE

Uno tiene derecho a equivocarse. Entre muchos ojos, ¿quién no cree haber visto alguna vez la mirada del otro? Una chispa de complicidad asoma en un escrito, en un mensaje. Pensamos entonces tener enfrente a esa persona con la que se puede acceder a los mundos soñados. No es tanto sexo como dulce navegación de mentes en un mar de pensamientos acompasados.
Pero uno se equivoca a veces: vaya, parece que no. Lástima. El otro se pone tenso, se crispa, se enrabieta. Bueno, qué le vamos a hacer…no se pueden mantener estrellitas para bocas de asno. O sí, pero en todo caso, el asno les encontrará otro provecho que su contemplación, mejor para él en todo caso.
Lo bueno del tema es cuando, después de todo, el derecho a equivocarse comporta el hallazgo plácido de ese otro ser magnífico. ¡Ahora sí!, dicen tus ojos de miel castaño.

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Acerca de anntares

Tierra antigua pero vital, el Pirineo encierra tesoros vivos. Descubrámoslos.
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