APRENDER POR AMOR

Pretender merecer respeto simplemente por lo que uno cree ser es lícito. Un linaje, por ejemplo, confiere nobleza de estirpe. Pero no da derecho a ser mejor que nadie o maestro de todos. Ni siquiera faculta para ser consejero. Estas personas suelen ser engreídas caricaturas de pretendidos profetas. La verdadera nobleza la confiere el trabajo que se deriva del querer saber no para enseñar a los demás, sino para enriquecerse uno mismo. Y por amor. Primero, amor propio. Después, a todo lo que es amable. Ese es el principio de la justicia.

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Acerca de anntares

Tierra antigua pero vital, el Pirineo encierra tesoros vivos. Descubrámoslos.
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