El tiempo

Todo sucedió en la alta Edad Media. En aquellos tiempos, en la zona de Occitania se desarrolló una cultura como nunca antes la hubo en Europa. Tolerancia, bonhomía, educación, respeto, fueron caraterísticas de las personas que tuvieron a bien intentar establecer un país amoroso, habitable, donde la gente fuera feliz. El problema residía en que para ello debían enfrentarse a los planteamientos de la Iglesia católica, por aquel entonces poseedora de una preponderancia tanto en el ámbito espiritual como en el material. El choque de estas dos maneras de entender el mundo, una libre y otra castrante, fue horroroso: el catarismo, brote luminoso de la libertad y magnanimidad de aquellas benditas gentes y su espíritu de tolerancia y pluralidad, fue segado de raíz por la represión de la cruzada albigense. Soldados contra cultura: el final era inevitable.
Pero nosotros nos quedaremos en el punto álgido, en la solana, cuando todo florecía, cuando hasta en el invierno, al poeta el hielo le parecía hierba fresca, porque los aires de libertad vagaban de un valle a otro, de una corte de amor a la de la ladera contigua, y donde los pájaros cantaban y las damas los entendían. Cuando el amor no estaba reñido con la risa, con la complicidad, con el placer, por el simple placer, de amar.

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