Las personas

Las cortes de amor en la Alta Edad Media pirenaica tenían sus sedes en los castillos y grandes casas de la nobleza, tanto de Catalunya como de Occitania, ambas zonas unidas por la columna vertebral de los Pirineos. Las montañas no eran una barrera, era un nexo de unión, a través de los pasos y puertos, por donde circulaban personas, influencias, cultura, ganado, vida…
Las damas eran las depositarias de la esencia del amor cortés. Haciendo a los hombres más amorosos, sembrando en ellos la semilla del amor delicioso, intentaron y consiguieron crear un pais tolerante, culto, reposado. Esclarmonda de Foix, Ermessenda de Castellbò, Ermengarda de Narbona, Adalaida de Avinyó, Matilde de Hieres, Rosenda de Pierrefeu, Laura de Sade…escuchaban las cuestiones amorosas que planteaban los caballeros, y emitian juicios según las leyes del tribunal de Amor. En aquellos benditos tiempos, sin embargo, no importaba en exceso el origen noble o no de los enamorados: Amor no entiende de fortunas, sino de placeres.
Los caballeros encontraban frecuentemente aventuras amorosas entre las damas. No importaba el vínculo matrimonial; antaño, éste significaba tan sólo la unión de fortunas materiales o la perpetuación de un linaje; no implicaba necesariamente la existencia del vínculo amoroso. Así pues, no sucedía nada excesivamente remarcable si una dama casada tomaba un amante. Era, hasta cierto punto, inspirador. Hug de Mataplana tenía en su castillo, cerca de Castellar de n´Hug, una corte de Amor. Arnau de Castellbò fue protector de trovadores.
Trovadores y juglares cantaban las gestas amorosas, los suaves o atenazadores sufrimientos de los amantes no correspondidos o sometidos a pruebas de amor, y las dulzuras de los deseos realizados. Los trovadores eran compositores de músicas y letras, cantantes también; los juglares extendían por donde pasaban las creaciones trovadorescas. Bernat de Ventadorn, Gaston Phébus, Marcabrú, Cercamón, son trovadores.
Papel preponderante ejerció el catarismo, tolerante y culta manera de entender el mensaje de Jesús que floreció en el árbol occitano en los años de la Alta Edad Media. Los perfectos y los bonshomes, tanto hombres como mujeres, favorecían la tolerancia en beneficio de la bondad, el entendimiento y la convivencia. Gilabert de Castres fue uno de estos perfectos. Y, ¿qué mejor manera de estar feliz que amar, sin medida, sin límite, y poder cantarlo, decirlo, compartir este sentimiento?

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